martes, 15 de diciembre de 2009

CONMIGO EN TU RECUERDO


Conmigo en tu recuerdo

Me estoy fumando en mi pitillo tu recuerdo,
presencia siempre viva y lacerante,
agotador imán en mis insomnios.

Estoy viendo tus ojos semitristes,
al borde de las lágrimas,
la noche azul, aquella de nuestra despedida.

Aquella noche también mi llanto,
multiplicaba las estrellas.

Y no supe por qué. Aún no te amaba.

Tengo en mis manos tu pelo hecho caricias,
eterno cosquilleo que nunca me abandona.

Siento en mis labios el ansia de tus besos,
de esos arrancados que para mí eran vida,
y para ti tan solo una experiencia.́

Sí, mi amor, te recuerdo como eras.
Por ese tiempo nuestro;
Con tu sonrisa abierta y temblorosa,
Tus manos de niña que buscaban las mías,
Creyendo que mis manos eran dos mariposas.

Te recuerdo entre pinos, aquella tarde inmensa,
Al borde del abismo de mi propia existencia.
Te recuerdo…y veo brotar mi corazón en sangre,
Olvidado y huidizo de todo lo terreno,

Alegre y vigoroso por tu sola presencia.

martes, 17 de noviembre de 2009

ESCRIBIR, ESCRIBIR, ESCRIBIR





Escribir
Llevo el corazón a hombros,

Como una cruz a cuestas,

Que me tiene y que le tengo,

Que me supera y supero.

A esta altura de mi vida,

A los cuarenta y tres, que los tengo,

Una cosa tengo cierta

Y es que disfruto escribiendo.

Por mucho que rice el rizo,

Por muchos que a mal lo tengan,

He de escribir mientras viva,

A oscuras, tientas o a ciegas.

Que tanto tiempo perdido,

Tantos complejos y penas,

Tanta depresión y dudas,

Eran sin que lo supiera,

Más que semilla cosecha,

Reventadita de frutos.

Yo, que me creía vacío,

Sin trapío, por la izquierda y la derecha,

Ahora resulta que tengo,

Floreciente y dando frutos,

Una eterna primavera.

¡Ni yo mismo me conozco!

¡Tan fértil es la cosecha!

viernes, 30 de octubre de 2009

¿POR QUÉ TE QUIERO?


¿Por qué te quiero?

Por qué te quiero? Preguntas.

Eso me pregunto yo

¿Por qué te quiero y te quiero

Y me explota el corazón?

¿serán tus ojos tranquilos?,

Tu frente, será tu voz,

Que me hiere con sus versos,

Que me convierte en canción?

¿Será tu sonrisa abierta,

Como una lluvia de sol?

¿O son tus melancolías,

Que si se escriben ni son?

¿Por qué te quiero preguntas?

Eso me pregunto yo.

¿Por qué te quiero y te quiero

Y me duele el corazón?

¿Será tu niñez altiva

La causa de mi dolor?

¿Será tu melena al viento,

O tu riqueza interior?

¿Tal vez tu cuerpo desnudo

Juego de espumas y sol?

¿O son tus manos que buscan

El beso que no nació?

¿Por qué te quiero me dices,

Cuando debieras decir,

Por qué no vives?, Y entonces,

Entonces te diría así:

¡me muero porque te quiero

Y más no sabría decir!.

domingo, 25 de octubre de 2009

ROSA ROJA


2. Rosa Roja

Rosa de agosto,

que entre siete escalones y la fuente

brotaste porque sí.

Rosa de agosto,

que habías brotado ente agua y flores

así porque sí.

¡Canto rojo del alma,

que abarca el sentido,

rojo encendido así porque sí!.

Canto rojo del alma,

que abarca el sentido,

rojo encendido,

así porque sí.

De la misma manera,

quisiera,

brotar en ti.

miércoles, 14 de octubre de 2009

"OBLIGADO SILENCIO DEL OLVIDO"



2. Romance de color violeta
Por Juan Margallo Bazago

Verde con verde, violeta.

Rojo con rojo amarillo.

Tiro que tiro mis penas,

Tiro que tiro cuchillos.

Carne con carne dolores.

Voces con voces son gritos,

Tiro que tiro mis días,

Tiro que tiro mis ritos.


Besos con besos, poemas,

Ira con ira, coraje.

Rompo que rompo mis versos,

Hierve que hierve mi sangre.


Calma con calma remanso.

Vida con vida, mi amor.

Cojo que cojo te quiero,

Quito que quito dolor.

domingo, 11 de octubre de 2009

POEMARIO: “OBLIGADO SILENCIO DEL OLVIDO”


1. Obligado Silencio del Olvido
Por Juan Margallo Bazago

Me está rondando la tristeza eterna
Esa tristeza tan total, tan mía.
Esa que hasta hace poco,
Era mi compañera.

Hasta que te encontré.
Mi mundo se rehízo.
Dejé de soñar lo que no fui,
Para hacer de mis sueños un camino.


Camino trazado en ti y por ti.
Siguiendo tras tu huella y beso a beso,
Y ahora…en ti perdido.

Hablabas de amargura en tu última noche.
De mi amargura casi con regocijo.
Yo escuchaba tu voz y miraba tus labios,
Recogiendo una a una tus palabras,

Mientras Paula en su mundo que ve lo que no vemos,
Reflejaba en un papel mi yo, mi alma.

Un yo cansado y frío, impotente aunque parezca enérgico.
Perdida la esperanza.
Un yo absurdo y ridículo.
¡Un yo que ya no es nada!

Hablabas de amargura en tu última noche.
Hablabas de amargura y yo callaba.

Y era mi silencio un grito hondo y no lo oíste.
Y era mi silencio un tiéndeme tu mano, y no escuchabas.
Y era mi silencio una rodilla en tierra fracasada.

Hablabas de amargura en tu última noche .
Hablabas de amargura y yo callaba.

sábado, 3 de octubre de 2009

Égloga de Garcilaso 4ª


Égloga de Garcilaso 4ª

Este hipérbaton le da más realce. Prolonga a nuestros ojos, a nuestra sensibilidad, el sumergirse de la ninfa.
“El agua clara con lascivo juego
Nadando dividieron y cortaron,
Hasta que el blanco pie tocó mojado
Saliendo de la arena al verde prado”.
Aquí vemos la fina sensibilidad de Garcilaso.
Nos plasma maravillosa y delicadamente el paso de las ninfas por las aguas.
Hay un ritmo, una armonía que rivalizan –podemos decir_, con el garboso nadar de las ninfas.
“En la hermosa tela se veía
Entretejidas las silvestres rosas
Salir de la espesura y que venían
Todas a la rivera presurosas,
En el semblante tristes y traían,
Cestillos blancos de purpúreas rosas,
Las cuales esparciendo, derramaban
Sobre una ninfa muerta que lloraban”.
Una tenue melancolía, un dolor contenido, envuelve esta estrofa.
En ella hay una tensión, un interés que no se rompe hasta el último verso.
El poeta ha sabido suscitar ese interés: “salir de la espesura”. Cuando las
“silvestres diosas” salen de su escondite, algo grave les mueve.
Mantiene este interés: “venían presurosas, tristes, traían rosas”.
Y esta tensión mantenida a lo largo de toda la estrofa, estalla en sollozos en la última palabra del último verso:
“Sobre una Ninfa muerta que lloraban”
“Todas con el cabello desparcido
Lloraban un ninfa delicada,
Cuya vida mostraba que había sido
Antes de tiempo y casi en flor cortada”.
Continúa fluyendo la melancolía, el dolor de poeta. ¡Cómo se refleja en estos versos el alma dolorida de Garcilaso!.
No nos describe la Ninfa. Simplemente: “Ninfa delicada”. Pero los dos versos siguientes nos sugieren toda una beldad perfecta:
“cuya vida mostraba que había sido
Antes de tiempo y casi en flor cortada”.
El último verso es de una fuerza, de una intensidad poética admirable.
“cerca del agua en un lugar florido
Estaba entre la hierba degollada”.
Una instantánea poética . Maravillosa. Estos sólo los plasma un poeta.
Es un contraste doloroso. Una joven sin vida en un paraje lleno de flores, pleno de vitalidad.
Lo mismo podríamos decir de la comparación:
“cual queda el blanco cisne cuando pierde
Su dulce vida entre la hierba verde”.
El cisne pierde la dulce vida, entre la naturaleza frondosa, rebosante de vida.
Es una comparación tierna, dulce, delicada. Como el caso lo requiere.
En esta égloga puso Garcilaso toda su alma, sensible, delicada, dolorida, de magnífico poeta.
Juan Margallo Bazago

viernes, 25 de septiembre de 2009

Égloga de Garcilaso 3 parte


Égloga de Garcilaso 3 parte
Sigamos avanzando:

“Secaba entonces el terreno aliento
El sol subido en la mitad del cielo”.
Fijémonos en el contraste entre estos dos versos y los dos primeros de la estrofa.
Suaves, frescos, flúidos __como el rincón umbroso al borde del tajo_ los unos, y secos, duros, los otros_ como la reseca llanura castellana.
Esto viene dado no solamente por lo que en sí expresa, sino también por el ritmo distinto de los versos. Esa musicalidad, esa gracia de los primeros, se echa de menos en estos últimos.
“En el silencio sólo se escuchaba
Un susurro de abejas que sonaba”.
Una pincelada, un detalle que reúne en sí el medio ambiente del límite entre el oasis y la llanura reseca que le rodea.
Este ambiente solitario, ambiguo, de frescura y sopor, de humedad y sequía es muy propio para las abejas.
Es deliciosa la armonía, la suavidad de estos dos versos.
“En el silencio sólo se escuchaba
Un susurro de abejas que sonaba”.
Nótese el contraste “silencio”, “susurro”.
Pero es un contraste suave. Un “susurro”, que no quiere alterar el “silencio”, de la meseta.
Castilla sumidad en silencio y un enjambre de abejas runruneando. Se impone el silencio, es mucho más extenso.
La misma onomatopeya nos impone este silencio con las “s” y nos da un leve sussurro con la “r”.
Son dos versos delicados, expresivos, silenciosos.
“Habiendo contemplado una gran pieza
atentamente aquel lugar sombrío, somorbujó de nuevo su cabeza,
y al fondo se dejó calar del río”.
Si nos fijamos un poquito, caeremos en la cuenta que la acción aquí expresada es la inversa de los cuatro últimos de la estrofa segunda.
De nuevo lo repentino, la brusquedad de la acción, está maravillosamente expresada por un tiempo indefinido: “somorbujó”.
Además este verbo tiene una agilidad, una gracia especial que nos plasma perfectamente el garboso movimiento de la ninfa.
“Y al fondo se dejó calar del río”.(cont..)

domingo, 20 de septiembre de 2009

Égloga de Garcilaso. 2ª parte


Égloga de Garcilaso 2 parte

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A propósito de ritmo, todas las palabras claves de estos cuatro versos, llevan acento rítmico:
“Tajo”_ “Soledad”_ “Sauces”.
¿Es casualidad? No. Es poesía.
Toda de hiedra revestida y llena,
Que por el tronco va hasta la altura.
“Hiedra”_ “Tronco”. Surge el detalle en el paisaje sencillo.
Pero aún no nos ha presentado más que parte de su oasis. Aún no nos lo ha completado:
Y así la teja arriba y encadena
Que el sol no halla paso a la verdura;
El agua baña el prado con sonido,
Alegrando la vista y el oído.
Es toda una sombra translúcida, donde el sol no puede penetrar. Es una red de verdura. Es de destacar:
“El agua baña el prado con sonido”.
En ese “Sonido” nos da el fluir rumoroso del río y a la vez el ruidito que hace la tierra reseca al absorber el agua vivificante.
Este verso nos da una sensación de transparencia, frescura. Se puede explicar en parte, porque es un endecasílabo casi enteramente yámbico. Además este acento recae sobre las vocales abiertas: “a”.
Otra vez el mismo interrogante. ¿Pero es que Garcilaso escogió sus vocales?. No. Las intuyó.
Es un lugar ameno lo que Garcilaso nos describe: “Prado ameno”,
Movióla el sitio umbroso, el manso viento,
El suave olor de aquel florido suelo.
Pero basta la primera estrofa para confirmar esto. El poeta nombra expresamente dos sentidos: “alegrando la vista y el oído”.
No nombra el tacto. Pero ya se supone que la frescura de este oasis no puede pasar desapercibido para nuestro rostro.
“Con tanta mansedumbre el cristalino
Tajo en aquella parte caminaba,
Que pudieran los ojos el camino
Determinar apenas que llevaba.
Este rincón de la naturaleza que versos después maravillará a la ninfa, puede decirse que maravilla al Tajo. Por eso “con tanta mansedumbre caminaba”. Es como si el río cobrara vida y se extasiara ante tal paisaje.
Todo viene ligado, todo motivado.
Luego una pincelada más, en concreto para expresar mejor su afirmación:
“Que pudieran los ojos el camino
Determinar apenas que llevaba”.
Tan lenta era su corriente, que no se adivinaba hacia dónde fluía. Hacia arriba o hacia abajo.
Estos versos producen una sensación de fluencia, de continuidad. La explicación está en el tiempo verbal: imperfecto_ precisamente expresa una idea continuada_ y un encabalgamiento. Un encabalgamiento suave, prolongado: “cristalino”, termina un verso y su sustantivo: “Tajo” está al comienzo del siguiente.
Así se alarga el verso y nos produce esa continuidad, esa mansa fluencia.
Lo mismo ocurre en los dos versos siguientes, con “camino” al final de un verso, y “determinar al principio del siguiente.
De este modo la misma colocación de las palabras, nos ambientan, nos ponen en comunicación más directa con lo que expresan.
Estamos contemplando la mansedumbre de las aguas tranquilas ,
cuando :
“peinando sus cabellos de oro fino
Una ninfa, del agua do moraba,
La cabeza sacó y el prado ameno
Vido de flores y de sombra lleno.
Estos cuatro versos son más ágiles, más dinámicos que los cuatro anteriores, Parte del efecto lo deba a ese indefinido “sacó”. Es un tiempo abrupto, cortante. Muy propio aquí.
La agilidad de estos versos resalta aún más, puesto que están en contraste con la continuidad de los cuatro anteriores.
Sin embargo el “vido de flores y de sombras lleno” me parece un verso sereno al menos no tan dinámico como los dos anteriores. Puede indicarnos la paz que invadíó a la ninfa al contemplar aquella “amena soledad”; o bien el pasmo de la misma ante aquel rincón
de la naturaleza. O las dos cosas a un tiempo.
Me baso en la estrofa siguiente:
Movióla el sitio umbroso el manso viento
El suave olor de aquel florido suelo.
Las aves en el fresco apartamiento
Vió descansar el trabajoso vuelo.
Es decir, conmovió todos sus sentidos: vista, tacto, olfato.
El poeta no ha olvidado un solo detalle. Movióla “el sitio umbroso” “manso viento”, “suave olor”.
Un lugar acondicionado para ninfas…(continuaremos)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Égloga de Garcilaso


Égloga de Garcilaso
Cerca del Tajo en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta la altura,
y así la teje arriba y encadena,
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la vista y el oído.
Un paisaje paradisíaco, idílico, delicioso.
¿Por qué vibramos ante este paisaje de Garcilaso?.
¿Quizá porque es algo nuevo en la literatura hispana?. ¿Quizá porque nos sitúe en una meseta árida?. Sí, pero estas razones no bastan.
¿Por qué _una vez más_nos llega tan directamente este paisaje garcilacesco, cuando descripciones semejantes de otros poetas españoles nos astían?. Aquí está el duende de la poesía. La personalidad inexplicable del poeta, puesto que la poesía es un misterio y como tal…
Pero tratemos de arrancarle, de desentrañar su secreto:
Cerca del tajo en soledad amena,
De verdes sauces hay una espesura,
Toda de hiedra revestida y llena,
Que por el tronco va hacia la altura.
Garcilaso sitúa ante nuestros ojos tres elemento esenciales de su descripción:
Tajo_ soledad_ sauces.
No sabemos aún nada. El poeta nos ha situado ante esos tres elementos sin sentido lógico :
“Cerca del Tajo en soledad amena,
De verdes sauces…”


Y ya tenemos una expresión pictórica, un paisaje: El “Tajo “ , “sauces”, “soledad”, una deliciosa soledad, a juzgar por la reacción de la ninfa.
Si damos un paso más, la frase lógica se nos completa . Vemos que los tres elementos esenciales son ahora: Tajo, soledad, espesura.
Pero aunque lógicamente la frase no estuviera acabada, el efecto escénico se habría conseguido: Río, mejor dicho, no. El poeta concreta, “Tajo”. Y es curioso que en una pieza como esta, donde tanto asunto mitológico mete, nos presente el poeta a su río natal. Pero si nos fijamos, esta égloga va encauzada en un sentimiento familiar íntimo.
Por eso pone un río familiar: El Tajo, soledad, sauces. Todo un paisaje.
“De verdes sauces hay una espesura”.
Feliz hipérbaton. El lugar preponderante “verdes sauces”. ¿Es que el poeta lo ha querido resaltar por interés pictórico?. Tampoco . Simplemente el poeta lo intuyó así; con la belleza, el ritmo y la armonía que encierra…(continuaremos)